¿Compartir o no? he ahí el dilema de nuestros hijos

07.11.2016

Desde muy pequeños "enseñamos" a nuestros hijos a compartir, obligándolos a dar de lo que comen, a compartir sus juguetes, etc. Pero este es un claro ejemplo de invasión al espacio energético de nuestros hijos ya que pasamos por sobre su capacidad de decisión.

Si compro un paquete de galletas a mi hijo, este se alegrará de tener las galletas que su mamá le regaló. En este momento la madre le da autoridad energética al niño sobre sus galletas. Luego viene el hermano más pequeño y ahí la madre le dice "comparte con tu hermano que es más pequeño", con la intensión de que nuestro hijo aprenda a compartir con su hermano menor.

Pero, ¿Qué siente el niño realmente? "Tengo unas galletas que me regalo mi mamá, ahora saca la mitad y se las regala a mi hermano más chico sin mi permiso". Entonces ¿Qué es lo que estamos enseñando realmente? enseñamos que compartir es carencia, necesidad y falta, luego de adultos no somos capaces de compartir o de soltar por miedo a la escases.

Muchas veces obligamos a nuestros niños a compartir o a dar besos para no quedar mal con otras personas, por miedo al que dirán de mí como madre o padre si mi hijo no es capaz de compartir o saludar. Si es el adulto el que quiere compartir, entonces el mismo toma la iniciativa de compartir sus propias galletas o comprar otro paquete si es necesario. El adulto es quien debe dar el ejemplo y quien debe dar la libertad de elegir si compartimos o no nuestras galletas. Este acto debe ser realizado conscientemente por el niño y no por obligación.